Trump está enviando un poderoso mensaje al mundo con el cambio de imagen del Pentágono.

Se trata de cómo Estados Unidos se define a sí mismo.

Cuando la Casa Blanca anunció que rebautizaría el Departamento de Defensa como Departamento de Guerra, el país no solo reaccionó, sino que estalló. Críticos de todos los partidos lo calificaron de costosa maniobra política, una distracción de las verdaderas necesidades de seguridad nacional en un momento en el que cada dólar y cada titular deberían contar. 

La senadora demócrata Tammy Duckworth, veterana de guerra, no se anduvo con rodeos: «Este dinero», argumentó, «se emplearía mejor en apoyar a las familias de los militares o en financiar la diplomacia».

Los observadores advierten que revivir la etiqueta «Departamento de Guerra» indica una postura estadounidense más agresiva, que podría socavar décadas de moderación estratégica y las normas internacionales que han mantenido a raya las tensiones globales. Editoriales desde San Antonio hasta el Guardian de Londres han dado la voz de alarma: ¿Se trata de un retorno al ruido de sables o simplemente de un ejercicio de marca que se ha descontrolado?

Pero, ¿y si hay más de lo que parece a simple vista? ¿Y si, detrás de los titulares y los hashtags, hay una estrategia calculada en marcha?

TRUMP CAMBIARÁ EL NOMBRE DEL PENTÁGONO Y RESTABLECERÁ EL HISTÓRICO «DEPARTAMENTO DE GUERRA» EN SU ÚLTIMA MEDIDA MILITAR

El poder de las palabras y por qué son importantes ahora

Las palabras no son meras etiquetas, sino las lentes a través de las cuales percibimos la realidad. En mi empresa, maslansky + partners, solemos decir: «No importa lo que digas, sino lo que ellos oyen». Y lo que la gente oye ahora es profundo, pero quizá ese sea precisamente el quid de la cuestión.

De la defensa a la guerra: un cambio calculado

Considera las implicaciones:

  • La defensa sugiere protección, seguridad y disuasión.
  • La guerra transmite agresividad, conflicto y, lo que es más importante, determinación.

Durante décadas, el ejército estadounidense se ha considerado un escudo. Pero en un mundo en el que las amenazas se multiplican y los adversarios se envalentonan, quizá el escudo no sea suficiente. Quizá sea hora de recordar al mundo, y a nosotros mismos, que Estados Unidos todavía empuña una espada.

Reclutamiento, moral y el espíritu guerrero

El secretario de Defensa, Pete Hegseth, ha dejado claro que quiere inculcar un «espíritu guerrero». Pero no se trata solo de alardear. Se trata del reclutamiento. Se trata de la moral. Se trata de decirles a los jóvenes estadounidenses que alistarse en el ejército no es solo hacer guardia, sino formar parte de algo audaz, asertivo y sin complejos.

  • Un soldado cumple órdenes, protege y defiende.
  • Un guerrero lucha, conquista y avanza. Ese sutil cambio podría ser la chispa que reavive el orgullo y el propósito en una generación que ha crecido con guerras interminables, pero con poco sentido de la victoria o el valor.

Percepción global: un nuevo tipo de disuasión

Durante décadas, Estados Unidos ha enmarcado su misión militar como una misión de defensa: defender la democracia, a sus aliados y la libertad. Ese marco nos otorgó legitimidad, confianza y autoridad moral. Pero también, en ocasiones, invitó a nuestros adversarios a poner a prueba nuestros límites.

Ahora, con el Departamento de Guerra, el mensaje es radicalmente diferente: no estamos aquí solo para defender. Estamos aquí para ganar.

Este cambio no solo pone nerviosos a nuestros adversarios, sino que podría hacerles pensárselo dos veces. Podría indicar al mundo que Estados Unidos ha dejado de jugar a la defensiva y que el coste de la agresión acaba de aumentar.

Por qué es importante

No se trata de semántica, sino de cómo se define Estados Unidos a sí mismo y cómo nos define el resto del mundo.

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Es posible que Trump y Hegseth quieran que los estadounidenses escuchen mensajes de fuerza, dureza y patriotismo. Y tal vez, solo tal vez, eso sea exactamente lo que el mundo necesita escuchar en este momento. Las mismas palabras que inspiran en casa pueden inquietar en el extranjero, y eso también podría ser intencionado.

Esa es la paradoja de la comunicación. No puedes controlar solo lo que dices; tienes que asumir la responsabilidad de lo que la gente oye.

Y en este caso, lo que la gente oye cuando pasamos de Defensa a Guerra es profundamente diferente. Quizás eso no sea un error. Quizás sea una característica.

Reflexión final

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Este cambio no es solo un cambio de imagen, es una señal para nuestros soldados, nuestros aliados y nuestros enemigos. Es un recordatorio de que en política, al igual que en los negocios, las palabras importan.

Porque, al fin y al cabo, no importa lo que digas. Lo que importa es lo que ellos oyen. Y, a veces, lo que oyen es exactamente lo que tú quieres que oigan.