El país se enfrenta a una «depresión educativa», según un artículo de opinión
Los tertulianos deFox News Night» analizan qué ha fallado en las notas de los exámenes de los alumnos, a pesar de que se ha aumentado la financiación para la educación.
Ahora que entramos en los «días más calurosos» del verano, en este 250.º aniversario desde que nuestra nación proclamó con valentía su independencia, hay —como debe ser— mucha reflexión sobre quiénes somos y qué es lo que realmente valoramos. De cara al futuro, quizá no haya nada más importante que cómo educamos a nuestros hijos para que puedan ser firmes defensores de nuestro país y de nuestra democracia durante muchas décadas más.
Resulta que algo tan básico para el bienestar como tomar el aire y jugar al aire libre juega un papel bastante importante a la hora de alcanzar ese objetivo. Es sencillo. Es gratis. Estimula y recupera la capacidad de aprendizaje y, por lo que parece, muchos de nuestros niños apenas disfrutan de ello.
Desde los primeros tiempos de la república, la educación nunca se concibió como una mera transferencia eficiente de información. Reformadores como Horace Mann, cuya visión ayudó a dar forma a la educación estadounidense moderna, defendían que las escuelas debían preparar a los niños no solo para el trabajo, sino también para la vida democrática. Incluso la palabra «kindergarten» —que en alemán significa «jardín de los niños»— refleja la idea de que las mentes jóvenes necesitan espacio para crecer, explorar, jugar y desarrollarse.
Con el tiempo, sin embargo, nuestra definición de éxito educativo se fue reduciendo. A partir del informe «Una nación en riesgo» de 1983, y acelerándose durante la era de la rendición de cuentas de la ley «Que ningún niño se quede atrás», los colegios se vieron sometidos a una presión cada vez mayor para maximizar los minutos de clase y el rendimiento en las pruebas estandarizadas. Una de las primeras víctimas suele ser el recreo, que se considera un tiempo prescindible en lugar de una parte esencial del aprendizaje.
Hoy en día, la neurociencia moderna ha confirmado lo que los primeros reformadores educativos de Estados Unidos ya sabían de forma intuitiva: los niños aprenden mejor cuando los colegios se centran en el desarrollo integral del niño, no solo en el que se limita a hacer exámenes. En muchos sentidos, la ciencia por fin se ha puesto al día con la filosofía. A principios de este verano, la Academia Americana de Pediatría publicó su primera declaración de política actualizada sobre el recreo desde 2013. En lugar de limitarse a reafirmar sus recomendaciones anteriores, la nueva declaración refleja la explosión de investigaciones de la última década, pasando de unas 44 referencias a más de 100 estudios que documentan cómo el recreo favorece el aprendizaje, la memoria, la función ejecutiva, el desarrollo social, la salud mental y el bienestar físico. Tal y como concluyeron, el recreo no es un descanso del aprendizaje, sino que forma parte de cómo aprenden los niños.
Y es que el recreo no es solo hacer ejercicio. Es la única parte de la jornada escolar pensada para que los niños jueguen a su aire. Como explicaron este mes dos alumnos de secundaria en un artículo de opinión publicado en el Atlanta , el recreo les da la oportunidad de «recargar pilas». Además, les permite resolver desacuerdos, practicar el liderazgo, hacer amigos, gestionar el estrés, resolver problemas y volver al aula más capaces de concentrarse y aprender. Estas no son «habilidades sociales». Son precisamente las cualidades que impulsan la innovación, el compromiso cívico, la resiliencia y la colaboración, cualidades que necesita cada generación de estadounidenses.
En otras palabras, la recomendación de la Academia sigue siendo clara: hay que proteger el recreo, nunca quitárselo como castigo ni cambiarlo por más tiempo de clase sentados. Esa conclusión no ha cambiado desde 2013. Lo que sí ha cambiado es la solidez de las pruebas que la respaldan. Más de una década de nuevas investigaciones ha profundizado nuestra comprensión de por qué el recreo es importante, no solo para la salud física de los niños, sino también para su desarrollo cognitivo, su bienestar emocional y su éxito a largo plazo.
Esta lección encaja perfectamente con los ideales educativos más antiguos de Estados Unidos. Si el objetivo de la educación es formar ciudadanos reflexivos y resilientes —y no solo conseguir mejores notas en los exámenes—, entonces el recreo no es una distracción del aprendizaje, sino una parte fundamental del mismo.
Este verano, mientras los estadounidenses nos reunimos para celebrar el 250.º aniversario de nuestra nación, también celebramos ejemplos de trabajo en equipo, perseverancia y excelencia por todo el país, desde los campos de béisbol del barrio hasta los estadios de los grandes campeonatos. Sin embargo, esas cualidades no surgen bajo las luces de los estadios, como ocurre con el impresionante rendimiento deportivo que muestran países de todo el mundo en la Copa Mundial de la FIFA, o con los equipos deportivos universitarios que empezaremos a ver en agosto. Surgen en los patios de recreo. Mucho antes de que los niños se pongan el uniforme de un equipo —ya sea como deportistas profesionales, universitarios o incluso en los campos de la Little League—, aprenden a cooperar, liderar, llegar a acuerdos, recuperarse de los fracasos, resolver conflictos y celebrar juntos los éxitos durante el recreo.
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Doscientos cincuenta años después de la fundación de nuestro país, solo doce estados exigen actualmente un recreo diario para los niños en el colegio. Pero varios estados, entre ellos Nueva York, están barajando leyes que cambiarían esta situación. Mientras nos preparamos parala «vuelta al cole» en agosto, y mientras se debaten los proyectos de ley sobre el recreo obligatorio en la próxima sesión legislativa, todo el país estará pendiente de cómo deciden los estados dejar que los niños jueguen… o no.
Todos hemos visto cómo los niños se han vuelto más aislados, deprimidos y ansiosos en una sociedad en la que todos estamos pegados a nuestras pantallas. Proteger el tiempo de juego de los niños, el aire libre y las oportunidades para relacionarse es una de las formas más sencillas que tenemos de mejorar su salud y bienestar.
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Los niños que hoy juegan en los patios de recreo serán los arquitectos, ingenieros, científicos, médicos, diplomáticos, emprendedores, artistas, profesores, líderes militares, padres y cargos electos del mañana. Incluso podrían llegar a ser las estrellas de fútbol de Estados Unidos en el Mundial. Ellos darán forma a los próximos 250 años de Estados Unidos.
Las habilidades que necesitarán —creatividad, colaboración, resiliencia, curiosidad, liderazgo, empatía y la confianza necesaria para resolver problemas juntos— exigirán un compromiso con el rigor académico en el aula, combinado con la posibilidad de jugar al aire libre para «refrescarse» la mente y el cuerpo cada día de colegio.
Kelly McKenna es CEO End Chronic Disease, excapitana del equipo universitario de vela de Stanford y tres veces All-American.









































