Las tiendas utilizan la inteligencia artificial para detectar el fraude en las devoluciones
El FOX Business , Max Gorden, explica enAmerica Reports cómo Happy Returns utiliza la inteligencia artificial para comprobar la legitimidad de las devoluciones de los clientes.
La historia nos enseña una lección muy sencilla: la nación que marca las normas marca el futuro. En el siglo XX, Estados Unidos estableció las reglas del juego en la aviación, la informática y las finanzas. En el siglo XXI, el campo de batalla decisivo es la inteligencia artificial. Y que no te quepa duda: Pekín tiene la intención de marcar las reglas.
Como todo el mundo ya se está dando cuenta, la inteligencia artificial no va a ser una tecnología de nicho. Va a transformar de raíz la medicina, la industria, la logística, la defensa nacional y los mercados financieros. Va a crear sectores completamente nuevos. Los analistas prevén que generará billones de dólares en valor económico para finales de esta década. Por ahora, Estados Unidos sigue siendo el líder en innovación. Pero ese liderazgo no está garantizado, sobre todo cuando el Partido Comunista Chino está recurriendo a energía barata generada con carbón, enormes subvenciones estatales y tácticas poco éticas para acortar distancias.
La estrategia de Pekín se centra en los llamados modelos de IA de «peso abierto», es decir, sistemas cuyos parámetros se pueden descargar y personalizar. Estos modelos están diseñados para poder exportarse. Permiten a los gobiernos extranjeros ejecutar el software en su propia infraestructura, manteniendo los servidores, los chips y los datos dentro de sus fronteras. En otras palabras, China ofreciendo a los países una solución llave en mano para crear nubes de IA soberanas, basadas en arquitectura china.
Por el contrario, los laboratorios más avanzados de Estados Unidos —empresas comoOpenAI Anthropic— funcionan en su mayoría con sistemas cerrados. Estos modelos propios son auténticas maravillas tecnológicas, y las empresas y agencias federales estadounidenses los están adoptando a gran escala. Pero se trata de entornos controlados. Las normas, los marcos de seguridad y las vías de innovación se establecen en las salas de juntas de las empresas. No están pensados para descargarse, modificarse e implementarse a nivel mundial como infraestructura.
China dado cuenta de una verdad incómoda: la mayoría de los países no van a desarrollar su propia IA desde cero. Van a adoptar sistemas ya existentes. Para los países en desarrollo o con recursos limitados, la elección puede volverse muy clara: servicios estadounidenses caros y de código cerrado alojados en el extranjero, o sistemas chinos de alto rendimiento que se pueden ejecutar a nivel nacional a bajo coste. Si esa disyuntiva se acentúa, el modelo de Pekín ganará cuota de mercado… e influencia.
Esto no es una competición puramente comercial. Los sistemas de IA reflejan las sociedades que los crean. Un sistema moldeado por las prioridades autoritarias del Partido Comunista Chino acabará, inevitablemente, incorporando censura, sesgos de vigilancia y control estatal. Ya hay indicios que dan motivos para alarmarse. Se ha demostrado que modelos chinos, como los desarrollados por DeepSeek, amplifican los mensajes propagandísticos de Pekín y presentan vulnerabilidades preocupantes, como la susceptibilidad a «jailbreaks» que eluden los controles de seguridad. Si a esto le sumas el historial documentado Chinade incorporar puntos de acceso ocultos en tecnologías avanzadas, estas debilidades plantean evidentes preocupaciones en materia de seguridad nacional.
Dejar que los modelos abiertos chinos se conviertan en el modelo global supondría exportar algo más que código. Supondría exportar supuestos sobre la gobernanza —en materia de libertad de expresión, privacidad y poder político—. Eso es inaceptable para una sociedad libre.
La respuesta no es dar marcha atrás en la apertura, sino competir en ella. Estados Unidos debe liderar el campo de la IA de peso abierto, basada en los valores estadounidenses y en los incentivos de mercado. Como bien señalaba el «Plan de Acción de EE. UU. para la IA» del presidente Trump, los modelos de código abierto y de peso abierto pueden convertirse en estándares globales tanto en el ámbito empresarial como en el académico. Eso les da peso geoestratégico. Si no ofrecemos alternativas creíbles y competitivas, otros llenarán ese vacío.
El liderazgo requiere claridad en las políticas. En primer lugar, Washington debe adoptar un marco regulador no intrusivo que establezca límites razonables sin asfixiar la innovación. Una microgestión federal excesiva haría que la investigación se trasladara al extranjero y le daría un regalo a Pekín. En segundo lugar, los estados deberían resistirse a la tentación de crear un mosaico de normativas contradictorias sobre la IA. Cincuenta normativas diferentes no reforzarán el liderazgo estadounidense; lo fracturarán.
En tercer lugar, los responsables políticos deben entender los pilares fundamentales de la IA: energía abundante y asequible, y una capacidad de fabricación de semiconductores de vanguardia. Las empresas afectadas deberían hacer caso al llamamiento del presidente Trump para que construyan sus propias centrales eléctricas. La inteligencia artificial funciona con electricidad y chips avanzados. Si frenamos la producción energética nacional o socavamos nuestro ecosistema de semiconductores, estamos minando nuestras propias ambiciones.
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Por último, tenemos que integrar la IA en nuestra arquitectura de seguridad nacional. Los sistemas avanzados serán imprescindibles para identificar amenazas militares emergentes, reforzar las infraestructuras críticas y proteger las comunicaciones. El mundo libre debería basarse en plataformas diseñadas en Estados Unidos, no en aquellas creadas para servir a un Estado autoritario.
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Estados Unidos siempre ha prosperado gracias a la innovación que hacen posible los mercados libres. Por eso tenemos la moneda de reserva mundial, los sistemas operativos dominantes y los mercados de capitales más dinámicos. No lo hemos conseguido copiando a otros, sino marcando el ritmo. La inteligencia artificial es el próximo gran campo de acción.
Si dejamos que Pekín establezca las reglas de la IA, nos encontraremos con un mundo marcado por la censura y la coacción. Si tomamos la iniciativa —con valentía, inteligencia y fe en la libre empresa—, construiremos un futuro que refleje la libertad, la transparencia y las oportunidades.







































