Cuba nuevas Cuba de Trump Cuba apuntan a quienes apoyan desde el extranjero al régimen comunista
Max Meizlish, exfuncionario del Departamento del Tesoro encargado de las sanciones, afirma que la administración Trump está ejerciendo una presión «sin precedentes» más allá de Cuba , al amenazar a bancos y empresas extranjeras vinculadas al imperio económico de la isla, que a su vez está ligado al ejército.
Las señales son claras: el presidente Donald nos está llevando a otra guerra imprudente, esta vez con Cuba.
Desde que capturaron a Nicolás Maduro en Venezuela, la Casa Blanca ha ido apretando las tuercas a Cuba la esperanza de que los líderes Cubase rindan o de que el pueblo cubano se levante y los derrote. Hace tres meses, Trump dijo Cuba va a caer muy pronto… están deseando llegar a un acuerdo… y ya veremos cómo sale eso».
Al igual que las muchas predicciones erróneas del presidente, no hay ni rastro de un acuerdo y Cuba derrumbado. Por el contrario, el bloqueo petrolero de EE. UU. ha paralizado la economía Cubay ha sumido al pueblo cubano en la oscuridad y la miseria. Si la situación fuera al revés, denunciaríamos el bloqueo como un acto de guerra ilegal.
El 20 de mayo, el Departamento de Justicia anunció la imputación del expresidente cubano Raúl Castro, de 95 años, y ese mismo día llegó al mar Caribe otro grupo de combate de un portaaviones estadounidense.
RAÚL CASTRO HACE SU PRIMERA APARICIÓN PÚBLICA DESDE QUE EL GOBIERNO DE TRUMP LO ACUSÓ DE ASESINATO

En una valla publicitaria de La Habana, Cuba, el 12 de abril de 2023, se ven imágenes del difunto presidente cubano Fidel Castro, del expresidente Raúl Castro y del actual presidente Miguel Díaz-Canel. (AlexandreReuters)
Cuba un país en bancarrota, más o menos del mismo tamaño que Virginia no tiene ni la capacidad ni la intención de amenazar a Estados Unidos. Incluso antes de que el Gobierno de Trump le cortara el suministro de petróleo, la economía Cubaapenas funcionaba. Hoy en día, no hay electricidad en toda la isla. Los hospitales, las escuelas y las fábricas están paralizados.
Al provocar el colapso de la economía Cubay dejar a millones de cubanos sin comida suficiente ni acceso a la asistencia médica, la Casa Blanca espera crear una «emergencia de seguridad nacional» que justifique un cambio de régimen, incluso, si es necesario, recurriendo a la fuerza militar.
Hay mucha culpa que repartir por cómo hemos llegado a esta situación. Los líderes Cuba, cuya prioridad es mantenerse en el poder, han violado sistemáticamente los derechos del pueblo cubano y se han alineado ideológicamente con algunos de los peores regímenes del mundo. El control corrupto que ejerce el ejército cubano sobre la economía prácticamente ha arruinado al país.
Por nuestra parte, EE. UU. ha intentado derrocar al régimen cubano mediante invasiones armadas, asesinatos, la financiación de disidentes cubanos y la imposición de una red de sanciones punitivas con alcance extraterritorial. Tras 65 años, el embargo de EE. UU. no ha logrado ninguno de sus objetivos, y solo ha servido para agravar el sufrimiento del pueblo cubano.
No hay duda de que los cambios políticos y económicos en Cuba retrasado mucho. El pueblo cubano —del cual el 90 % nació después de la revolución de 1959— quiere líderes que acepten la necesidad de cambios fundamentales en la forma de gobernar, con una mayor participación de la gente, más transparencia, más libertad y una rendición de cuentas real.
Pero por muchas acusaciones exageradas o falsas que se utilicen como pretexto para atacar Cuba, este país no supone ninguna amenaza creíble para Estados Unidos. En lugar de empezar otra guerra innecesaria, Estados Unidos y Cuba y deben negociar un acuerdo que anteponga a la vez nuestros intereses nacionales y las necesidades y aspiraciones del pueblo cubano.
Los elementos clave de un acuerdo son obvios:
Trump tiene que acabar con las restricciones al derecho de los estadounidenses a viajar a Cuba. Debería pedir al Congreso que derogue el embargo, que ha sido un fracaso, para que puedan empezar la reconstrucción y la inversión estadounidense en empresas privadas.
Al provocar el colapso de la economía Cubay dejar a millones de cubanos sin comida suficiente ni acceso a la asistencia médica, la Casa Blanca espera crear una «emergencia de seguridad nacional» que justifique un cambio de régimen, incluso, si es necesario, recurriendo a la fuerza militar.
El presidente debería sacar Cuba la lista de países que patrocinan el terrorismo, una lista que no tiene ninguna base legal ni fáctica creíble, con la que ningún otro país está de acuerdo y que impide a los cubanos conseguir la financiación bancaria internacional que tanto necesitan.
La única opción sensata para los dirigentes Cubaes llegar a un acuerdo. Tienen que acabar con el control que ejerce el ejército sobre la economía y tomar medidas para que las empresas estadounidenses inviertan en Cuba ayuden a reconstruir la infraestructura del país, que está en muy mal estado.
Los dirigentes Cubadeben liberar a todos los disidentes políticos y reconocer el derecho del pueblo cubano a expresarse libremente, sin miedo a ser perseguido.
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Con estas medidas, los dos países podrían dejar atrás de una vez por todas el último vestigio de la Guerra Fría en este hemisferio.
Pero ahí no es adonde nos está llevando Trump, y al igual que Maduro, a los líderes Cubasiempre les ha importado más su propio poder y sus privilegios que su pueblo. Nadie en Cuba, ni en Estados Unidos, debería hacerse ilusiones: nos dirigimos Cuba una guerra no autorizada, injustificada e imprudente contra Cuba . Y no hay ningún plan B si las cosas no salen como se prevé, ni un plan para lo que vendrá después, ni un plan sobre cómo pagarlo.
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Un ataque de EE. UU. supondría riesgos reales para nuestras tropas y para el pueblo cubano. Sería condenado en este hemisferio y en todo el mundo. Suponiendo que los líderes Cubaacabaran huyendo, fueran capturados o asesinados, ¿quién gobernaría Cuba? ¿Quién evitaría que el país se sumiera en el caos? ¿Quién se encargaría de los servicios públicos? No hay ninguna «Delcy Rodríguez» cubana, ni ninguna oposición política organizada. El pueblo estadounidense tendría que cargar con el enorme coste de asegurar y reconstruir Cuba, mientras que probablemente millones de cubanos abandonarían la isla para buscar refugio aquí, en Estados Unidos.
El pueblo estadounidense no quiere una guerra con Cuba, y menos aún después de la costosa y mal planificada debacle en Irán, que ha desmentido todas las optimistas predicciones del Gobierno. En lugar de causar más sufrimiento y caos en Cuba provocar otra crisis de refugiados a 90 millas de Florida, el presidente Trump debería intentar hacer historia mediante negociaciones efectivas, no con una «toma de poder» violenta financiada por los contribuyentes estadounidenses.







































