Tráiler de «The Social Reckoning»
El tráiler de «The Social Reckoning», de Sony Pictures, protagonizada por Jeremy Strong, Jeremy Allen White y Mikey Madison. Dirigida por Aaron Sorkin.
En la era de Trump 2.0, los gigantes tecnológicos que en su día defendió la izquierda liberal han sido condenados al ostracismo por dar la impresión de apoyar o doblegarse ante el presidente «Donald » Trump tras las elecciones de 2024, ya se trate de Elon ,Musk, Jeff Bezos o —en este caso concreto— Mark Zuckerberg.
Zuckerberg, cofundador de Facebook y de CEO , de Meta, fue retratado de forma memorable en la gran pantalla en la película de 2010 «La red social», que narraba cómo creó, desde su habitación de la residencia de Harvard , esa plataforma de redes sociales que cambió la cultura, y los pleitos que se desataron después.
Dirigida por David Fincher, con guion de Aaron Sorkin y con un Jesse Eisenberg que se parece como dos gotas de agua a Zuckerberg, este trío nos regaló una de las mejores películas de este siglo, que supo captar a la perfección el espíritu de la emergente era digital. Sorkin ganó un Óscar al mejor guion adaptado, y tanto Fincher como Eisenberg consiguieron nominaciones en sus respectivas categorías.
Pero 16 años después, lo que se ha presentado como una secuela de «La red social» solo empaña su legado.

Jeremy Strong interpreta a Mark Zuckerberg en «The Social Reckoning». (Cortesía de Sony/Columbia Pictures)
Para «The Social Reckoning», ni Fincher ni Eisenberg decidieron volver, así que Sorkin se encargó tanto del guion como de la dirección de esta secuela que, en realidad, nadie había pedido, y eligió a Jeremy Strong («Succession», «The Apprentice») para interpretar a Zuckerberg.
La secuela retoma la impactante serie de reportajes del Wall Street Journal conocida como «Los archivos de Facebook », impulsada por el periodista de investigación Jeff Horowitz (Jeremy Allen White) y la denunciante de Facebook , Frances Haugen (Mikey Madison).
Las irregularidades que salieron a la luz iban desde que Facebook aplicara algoritmos que empujaban a sus usuarios a unirse a grupos de odio hasta que la empresa supiera de la toxicidad de Instagram para la salud mental de las chicas jóvenes.
La mayoría estamos de acuerdo en que las redes sociales en general, no solo Facebook, tienen efectos negativos en la sociedad, aunque también aportan beneficios. Lo que se ha publicado anteriormente sobre Facebook ha sido una mancha para la empresa. Y quizá eso sí que merezca una película.
Lo que resulta desagradable es el universo tan limitado que crea Sorkin, uno en el que Facebook, y solo Facebook, es el responsable de fomentar el radicalismo de derechas y en el que el radicalismo de izquierdas ni siquiera existe.

Mikey Madison y Jeremy Allen White en «The Social Reckoning». (Cortesía de Sony/Columbia Pictures)
En la película, Haugen, la científica de datos de « Facebook » que causó revuelo cuando dio un paso al frente en 2021, se ve acosada por una antigua amiga, a la que describe como alguien que en su día fue «progresista», pero que se ha radicalizado por culpa de la plataforma hasta convertirse en una racista desquiciada. La película también culpa a « Facebook » de la difusión de las teorías conspirativas de QAnon y de las «mentiras» sobre las vacunas, así como de lo ocurrido el 6 de enero.
La escena culminante de «The Social Reckoning» muestra a Zuckerberg y a su equipo corriendo a su «sala de guerra» para ver la cobertura informativa de los disturbios en el Capitolio. Los alborotadores bien podrían haber estado ondeando banderas en las que se leyera «Cortesía de Facebook », al menos según Sorkin.
Todo el mundo a su alrededor le exigió a Zuckerberg que expulsara a Trump de su plataforma. Y, como todos sabemos, Zuckerberg accedió.
Las conclusiones de Haugen, al menos tal y como se presentan en esta película, muestran que « Facebook » convierte a la gente en racista. No se menciona ningún tipo de radicalización de extrema izquierda que hayan presenciado los estadounidenses (o «Woke 1», como lo ha bautizado recientemente AOC), ni tampoco se hace referencia a los disturbios de Black Lives Matter que estallaron por todo el país en los meses previos al 6 de enero.
Por si se nos olvida que los confinamientos de « COVID » realmente avivaron la paranoia social, Sorkin no ofrece ningún «ajuste de cuentas» a los funcionarios del Gobierno que los impusieron. Para ser un tipo que se enorgullece de sus diálogos hiperintelectuales, a Sorkin le cuesta mucho dar cabida a los matices.

Jeremy Strong interpreta a Mark Zuckerberg en «The Social Reckoning». (Cortesía de Sony/Columbia Pictures)
Lo único que salva a la película es cómo aborda la postura de Zuckerberg como defensor acérrimo de la libertad de expresión. Sorkin lo retrata, en líneas generales, como un villano sociópata al que solo le importa el beneficio a costa de la sociedad. Pero hay una escena en la que discute con un antiguo inversor (interpretado por Bill Burr) sobre que Facebook es una plaza pública y que no hay que tratar a sus usuarios como si fueran niños, ya que el personaje de Burr considera que la filosofía de Zuckerberg es imprudente por permitir que las mentiras circulen sin control.
Está claro que Sorkin quiere que su público se ponga del lado de Burr en esa escena en concreto, pero los verdaderos defensores de la libertad de expresión se ponen del lado de Zuckerberg —al menos hasta que ceda a la presión y bloquee a Trump—.
«The Social Reckoning» pretende ser el «Todos los hombres del presidente» de la era de las redes sociales, pero carece de profundidad emocional más allá de su descarado llamamiento a la izquierda partidista. Ninguno de los tres protagonistas de la película se comporta como un ser humano normal (aunque, para ser justos, la imagen pública de Zuckerberg siempre ha sido, bueno, peculiar).
Todas las escenas entre Horowitz y Haugen están llenas de diálogos anormalmente ingeniosos y eruditos que podrían haberse sacado directamente de «El ala oeste de la Casa Blanca».
Es un rollo.

Jeremy Strong y Bill Burr en «The Social Reckoning». (Cortesía de Sony/Columbia Pictures)
A diferencia de su predecesor en «La red social», Strong no se parece en nada a Zuckerberg, pero ofrece una interpretación muy comprometida y, hay que reconocerlo, clava bastante bien la voz. El director de « Facebook » no tuvo nada que ver con ninguna de las dos películas, así que es difícil saber dónde acaba la realidad y empieza la ficción. Sin embargo, el Zuckerberg de Eisenberg tenía un registro emocional mucho más amplio, mientras que el de Strong es, básicamente, una caricatura que parece de otro planeta.
También hay un marcado contraste en lo que se refiere a la realización en sí. Sin Fincher al mando, Sorkin se queda sin rumbo artístico a pesar de contar con colaboradores de primer nivel, como el director de fotografía nominado al Óscar Jeff Cronenweth (que ya se encargó de la fotografía de «La red social») y el compositor ganador del Óscar Alexandre Desplat.
No es la primera vez que Sorkin se sienta en la silla del director. Su talento como guionista está fuera de toda duda, pero, aunque ha sabido encontrar su voz propia en el guion, todavía no ha logrado crear su propia visión como director.
Después de volver a ver «La red social», es alucinante pensar que ambas las escribió Sorkin. Una es cautivadora, fluida, mordaz y cercana para el espectador medio. La otra es aburrida, inconexa, moralista y elitista.
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Jeremy Allen White y Mikey Madison en «The Social Reckoning». (Cortesía de Sony/Columbia Pictures)
El veredicto
«The Social Reckoning» intenta recrear la magia de su predecesora. En realidad, es una porquería revisionista de izquierdas disfrazada de drama periodístico desgarrador. Es una peli que solo va dirigida a un público muy reducido de liberales de las costas que desprecian a Zuckerberg y a Trump, y a periodistas que se creen héroes —muchos de ellos son ambas cosas. Lo lamentable es que «The Social Reckoning» no existe con el propósito de entretener. Su objetivo es dar una lección.
Y por eso, Sorkin debería desconectarse.
★ — SÁLTATELO
«The Social Reckoning» está clasificada como R por su lenguaje. Duración: 1 hora y 52 minutos. Ya está en los cines.







































