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Hace doscientos cincuenta años, un valiente grupo de personas dispuestas a arriesgarse creyó que la libertad merecía la pena y declaró que su futuro no dependería del gobierno de un rey lejano, sino del valor de un pueblo libre. No tenían ninguna garantía de éxito. Pero tenían convicción. Y esa convicción construyó una gran nación.

Ahora que celebramos el 250.º aniversario de Estados Unidos, vale la pena preguntarse qué fue lo que convirtió una idea revolucionaria en el país más próspero que el mundo haya conocido jamás. La respuesta tiene muchas facetas: el Estado de derecho, la libre empresa y la ambición de generación en generación.

Sin embargo, la historia de Estados Unidos no se reduce solo a las ideas. También es la historia de cómo esas ideas se convierten en progreso y logros. Y a lo largo de cada capítulo de ese éxito hay una fuerza que a menudo se pasa por alto: la energía estadounidense, abundante, asequible y fiable.

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Una y otra vez, el ingenio ha transformado esa energía en mayores oportunidades, mayor prosperidad y mayor seguridad.

Henry Ford y su familia

La familia Ford y sus amigos dando una vuelta por las calles de Detroit en el coche Modelo K de 6 cilindros de 1906, en Detroit, Míchigan. De izquierda a derecha: Henry Ford, Leroy Pelletier, Clara Ford, Edsel Ford y una operadora telefónica. (Getty Images)

La energía no es un tema secundario en la historia de Estados Unidos. Es uno de sus pilares fundamentales. A lo largo de la historia, los estadounidenses han encontrado nuevas formas de aprovechar la energía en beneficio de nuestra sociedad.

Cuando Edwin «Coronel» Drakedrilled perforó el primer pozo comercial del mundo en Titusville, Pensilvania, en 1859, no se limitó a encontrar petróleo. Abrió las puertas a una nueva fuente de posibilidades para la humanidad. En tan solo unos años, el queroseno refinado a partir del crudo estadounidense sustituyó al aceite de ballena en las lámparas, iluminó hogares y calles, y contribuyó a impulsar una expansión industrial sin precedentes en la historia. Había comenzado la era de la energía estadounidense, y nuestra nación nunca volvería a ser la misma.

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Henry Ford puso a los estadounidenses de a pie al volante. Los hermanos Wright nos trajeron el vuelo a motor. Los tractores de gasolina transformaron la agricultura para ayudar a alimentar a una población mundial en crecimiento. En todos estos casos, el ingenio aportó la visión y la energía que convirtieron ideas audaces en realidad.

Esa energía resultó decisiva cuando más se necesitaba. Durante la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos produjo casi dos tercios del petróleo mundial y la abrumadora mayoría del combustible que impulsó el esfuerzo bélico de los Aliados. El combustible estadounidense impulsó los barcos que cruzaron el Atlántico, los bombarderos que sobrevolaron Europa y Asia, y los tanques que avanzaron por el norte de África. El general Dwight D. Eisenhower reconoció que la guerra era, en esencia, una guerra de logística y combustible.

La victoria de los Aliados se forjó en acero y se alimentó del petróleo estadounidense.

Y la energía ayudó a construir la paz que vino después. El auge de la posguerra se alimentó, literalmente, en la gasolinera de la esquina. Millones de familias se compraron su primer coche y se lanzaron a la autopista, convirtiendo las carreteras abiertas de Estados Unidos en sinónimo de la propia libertad.

Las décadas siguientes abrieron nuevas fronteras. La energía estadounidense impulsó las fábricas que dieron origen a la clase media, alimentó las aerolíneas que acortaron las distancias en el mundo y proporcionó los pilares de la innovación actual, desde dispositivos médicos que salvan vidas hasta tecnologías de comunicación esenciales. Incluso ayudó a llevar a los estadounidenses a la Luna.

Cuando el mundo necesitaba energía fiable, los productores estadounidenses la proporcionaron. Cuando los mercados cambiaron, se adaptaron. Cuando la tecnología avanzó, innovaron.

Hoy en día, Estados Unidos es el mayor productor de energía del mundo. Y nos encontramos ante otro punto de inflexión. Se está produciendo una nueva revolución tecnológica. La inteligencia artificial promete transformar nuestra forma de trabajar, aprender, inventar y crear, con un apetito casi insaciable de energía fiable. Los centros de datos que alojan estos sistemas consumirán electricidad a una escala comparable a la de países enteros.

Una y otra vez, el ingenio ha transformado esa energía en mayores oportunidades, mayor prosperidad y mayor seguridad.

Al igual que con todos los grandes avances de Estados Unidos —desde la industrialización hasta la aviación y de ahí a Internet—, las tecnologías que darán forma al futuro se basarán en lo que impulsó el auge de nuestra nación: una energía abundante, asequible y fiable.

Durante prácticamente toda la historia de Estados Unidos, los hombres y mujeres de mi sector han impulsado en silencio el progreso de la nación. Su trabajo suele pasar desapercibido y, con demasiada frecuencia, se da por sentado. Me he subido a plataformas en el Golfo de México, he recorrido los yacimientos petrolíferos del Pérmico y las salas de control de las refinerías de California, he subido a buques cisterna que transportan energía estadounidense por mar abierto y he seguido el trazado de los oleoductos que lo conectan todo.

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Lo que más me llama la atención es lo invisible que es, por diseño. Cada día, millones de estadounidenses pulsan un interruptor, suben a un avión, cargan el móvil o alimentan de energía a un negocio sin pensárselo dos veces. Esa fiabilidad silenciosa es uno de los grandes logros de la América moderna.

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Los datos lo dejan claro: la energía estadounidense ha impulsado la victoria en tiempos de guerra, la prosperidad en tiempos de paz y la innovación en todo momento.

Tras 250 años, el experimento estadounidense sigue adelante. Surgirán nuevos retos. Aparecerán nuevas tecnologías. Se abrirán nuevas fronteras. Las herramientas cambiarán, pero la fórmula seguirá siendo la misma. Como ha sido a lo largo de toda nuestra historia, el futuro se construirá gracias al ingenio y se impulsará con la energía estadounidense.