Esta sitio web fue traducido automáticamente. Para obtener más información, haz clic aquí.
¡Ahora puedes escuchar Fox News de Fox News !

La encíclica Humanae vitae del papa Pablo VI, de 1968, aborda una gran variedad de temas, tanto teológicos como antropológicos, y ha demostrado ser extraordinariamente profética; sin embargo, para la mayoría de la gente sigue siendo simplemente la encíclica sobre el «control de la natalidad». De manera similar, la encíclica Laudato Si’ del papa Francisco, de 2015, abarca una serie de temas y ofrece un análisis incisivo de la filosofía que domina el mundo moderno; sin embargo, para la mayoría, es simplemente la encíclica del «calentamiento global». Me am poco de miedo que algo parecido le pase a la Magnifica Humanitas del papa León XIV, ya que ya la están calificando como la «encíclica de la IA». Pero reducir este texto extraordinario a ese único tema sería realmente lamentable. León, por supuesto, habla de la IA, y con una perspicacia notable, pero hay mucho más en esta carta, y no debería pasarse por alto.

El mejor punto de partida para entender el texto es el título. El papa Pablo VI dijo en una famosa frase que la Iglesia es experta en humanidad, y el documento del Concilio Vaticano II *Gaudium et spes* empieza recordándonos que la Iglesia se ocupa de todas las dimensiones de la experiencia humana. Uno de los últimos textos escritos por el papa Francisco, *Dignitas infinita*, se centraba en la «dignidad infinita» del ser humano. La nobleza irreducible del ser humano es, en mi opinión, el motivo principal de Magnifica Humanitas. En línea con sus predecesores recientes, el papa León insiste en que los seres humanos somos magníficos porque hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios y, de manera aún más maravillosa, elevados a través de la Encarnación a participar de la divinidad misma. No es el humanismo secular lo que presenta el papa, sino un humanismo profundamente teológico y cristológico.

«Magnifica Humanitas» empieza, en realidad, con un contraste entre dos imágenes sacadas del Antiguo Testamento: la construcción de la Torre de Babel y la reconstrucción de las murallas de Jerusalén tras el regreso de los exiliados de Babilonia. La primera, impulsada por la arrogancia imperialista y llevada a cabo sin tener en cuenta a Dios, acabó en desastre; la segunda, supervisada por Nehemías, basada en la cooperación de los distintos sectores de la sociedad israelita y realizada para la gloria de Dios, dio lugar a algo hermoso. Al papa León le preocupa que muchas de las «cosas nuevas» de hoy, incluyendo y especialmente la IA y otras formas de tecnología avanzada, puedan tener un carácter similar al de la Torre de Babel, es decir, una tendencia a la manipulación, la dominación y la reducción de todas las formas de comunicación a un único lenguaje digital. Pero cree firmemente que, si se emplean correctamente, estas maravillas pueden encajar en un marco más «nehemíaco» y convertirse en un medio para potenciar la dignidad humana y la comunidad.

El Papa habla sobre la IA.

El papa León advierte en la nueva encíclica del Vaticano de que la inteligencia artificial podría convertirse en una fuerza de «dominación, exclusión y muerte» si no se le imponen límites morales. (Foto de Alberto PIZZOLI / AFP Getty Images)

Pero antes de abordar estos temas en detalle, se detiene a reflexionar sobre los grandes principios que sustentan la doctrina social católica. Quiere demostrar que cualquier análisis adecuado de la tecnología contemporánea debe situarse en un contexto fundamentalmente moral. Así, en el segundo capítulo de *Magnifica Humanitas*, León ofrece una visión general muy concisa y útil de la doctrina social de la Iglesia, haciendo hincapié en su satisfactorio equilibrio ideológico. Así, la subsidiariedad (la preferencia por formas de autoridad más locales), que suelen defender los conservadores, se sitúa en una sana tensión con la solidaridad (nuestra obligación moral unos con otros), que suelen defender los liberales. Y la dignidad del individuo, que suelen destacar los conservadores, se equilibra con la insistencia en el bien común, que suelen destacar los liberales. La legitimidad moral de la propiedad privada y el libre mercado, tan querida por la gente más de derechas, se sitúa junto al destino universal de los bienes, un tema importante para la gente de izquierdas, y así sucesivamente. Esta tensión creativa es la genialidad de la doctrina social católica y es precisamente lo que permite a sus representantes entablar un diálogo constructivo con personas de distintos puntos del espectro político.

EL PAPA LEO XIV LO CALIFICA DE «ATENTADO CONTRA LA DIGNIDAD HUMANA» EN SU PRIMER DISCURSO A LOS CARDENALES

En los capítulos tres y cuatro, el papa León presta especial atención a los retos concretos que plantea la revolución tecnológica en el ámbito de la comunicación que estamos viviendo hoy en día. Todo su análisis gira en torno a un tema tomado del papa Francisco: el peligro de un «paradigma tecnocrático». Con este término, tanto Francisco como León se refieren a la tendencia a anteponer la eficiencia, el control y los resultados prácticos a la dignidad de la persona y al desarrollo de una verdadera comunión. León, de hecho, hace referencia a Romano Guardini, uno de los autores favoritos del papa Francisco, quien, a principios del siglo XX, lamentaba los rasgos deshumanizadores de una cultura impulsada por la tecnología. La IA y las tecnologías que la acompañan son buenas en la medida en que funcionan como herramientas en manos de agentes responsables que actúan con un propósito moral; son problemáticas en la medida en que llegan a dominar tanto el pensamiento como la acción, desviando lo propiamente humano hacia la máquina.

Papa León XIV

El papa León XIV celebra la misa con motivo de la XXX Jornada Mundial de la Vida Consagrada en la basílica Peter San Peter, en el Vaticano, el 2 de febrero de 2026.  (Alberto PIZZOLI / AFP Getty Images)

En el marco de este breve artículo, no puedo ni siquiera empezar a abordar la complejidad del análisis del Papa sobre la IA, pero sí que podría destacar algunos puntos clave. 

En primer lugar, Leo, como buen agustino, se preocupa profundamente por la verdad, y teme que el espacio digital esté poblado por personas mucho más interesadas en el poder que en la verdad. Los habitantes del mundo de la IA pueden difundir, por diversas razones, «noticias falsas», narrativas profundamente distorsionadas e información engañosa. Pero la historia de la Torre de Babel muestra que, cuando la voluntad se separa de la realidad, se produce el desastre: «Ese poder debe estar constantemente guiado por la búsqueda de la verdad y el respeto a la dignidad humana, para que la cultura que se fomenta en Internet no se convierta en un instrumento de distracción excesiva, homogeneización o dominación, sino más bien en un entorno en el que puedan madurar la libertad interior y el pensamiento crítico» (136). 

Otra preocupación relacionada es cómo la IA puede socavar ese trabajo lento, paciente y minucioso que se necesita para descubrir la verdad más profunda. La facilidad con la que la IA nos proporciona datos puede llevarnos a pensar erróneamente que adquirir «información» es lo mismo que llegar a comprender. Esta es la concisa conclusión del Papa: «Muchos educadores ya señalan signos de deshumanización, en los que las personas pueden “saber muchas cosas”, pero tienen dificultades para encontrar un rumbo en sus vidas, en parte debido a la incapacidad de conectar la información con un conocimiento más profundo o de mantener un sentido de propósito» (146).

A Leo también le preocupa mucho el impacto psicológico negativo que tiene Internet en quienes se ven arrastrados al espacio digital. Muchos estudios han demostrado que existe una estrecha relación entre el «tiempo frente a la pantalla» y la depresión, la ansiedad y la baja autoestima. Además, se ha demostrado que Internet es un caldo de cultivo para la explotación sexual, la captación de menores y el chantaje, por no hablar de que es un entorno en el que los niños tienen acceso a las peores formas de pornografía. Por eso, el Papa pide una regulación eficaz de este espacio mediático potencialmente peligroso.

LA REVOLUCIÓN DE LA IA AMENAZA LOS EMPLEOS DE OFICINA, PERO REAVIVA LA DEMANDA DE OFICIOS ESPECIALIZADOS

Otra de las preocupaciones del Papa es la forma en que la IA ha empezado a afectar al ámbito laboral. Siguiendo los pasos de San John II, León sostiene que el trabajo no es solo una necesidad práctica, sino más bien una dimensión esencial del desarrollo humano. A través de nuestro esfuerzo, ponemos en juego nuestra mente, nuestra voluntad y nuestro cuerpo, y desarrollamos potencialidades que ni siquiera sabíamos que teníamos. Y por eso, cuando la velocidad y la eficiencia de la IA acaben con millones de puestos de trabajo, puede que los poderosos obtengan ciertas ventajas económicas, pero para la clase trabajadora supondría un desastre moral y espiritual: «La búsqueda de mayores beneficios no puede justificar decisiones que sacrifiquen sistemáticamente puestos de trabajo, porque la persona humana es un fin, no un medio, y el orden económico debe permanecer subordinado a la dignidad humana y al bien común» (152).

HAGA CLIC AQUÍ PARA MÁS OPINIONES DE FOX NEWS

Por último, quiero llamar la atención sobre la profunda preocupación de Leo respecto al carácter adictivo de las redes sociales. Hoy en día está más que demostrado que los dispositivos que nos dan acceso a Internet se diseñaron a propósito para crear adicción, y esto quizá se vea más claro en el «doomscrolling» que tanta gente practica hoy en día. 

Además, dado que las herramientas de IA recopilan tantos datos e información personales, todos estamos muy expuestos a la manipulación por parte de quienes tienen motivaciones económicas y políticas poco recomendables. Estas son las palabras del papa León: «Cuando cada acción —movimientos, compras, relaciones y preferencias— deja un rastro, surge una nueva forma de poder, a saber, el poder de perfilar, predecir e influir en el comportamiento, a menudo sin que las personas sean plenamente conscientes de ello» (171). Una vez más, hay una riqueza extraordinaria en este cuarto capítulo de Magnifica Humanitas, y te animo encarecidamente a que lo leas con atención, tanto a nivel individual como en grupos parroquiales.

Papa León XIV

El papa León XIV saluda con la mano al llegar a la catedral Joseph San Joseph en Bamenda, en el cuarto día de un viaje apostólico de 11 días por África, el 16 de abril de 2026. (Alberto PIZZOLI / AFP Getty Images)

En el capítulo final de *Magnifica Humanitas*, el Papa cambia un poco de tono al centrarse en cuestiones relacionadas con la guerra y la paz. Esta podría acabar siendo la parte más comentada y controvertida de la encíclica, dadas las turbulentas circunstancias del panorama político actual. 

De hecho, esta parte de la carta me pareció la más profundamente agustiniana. Un aspecto fundamental de la visión de San Agustín, sobre todo tal y como la expuso en su *Ciudad de Dios*, es el contraste entre la sociedad romana de su época —basada en el culto a dioses y diosas moralmente ambiguos— y la sociedad propiamente cristiana, basada en el culto al Dios cuyo nombre es amor. De acuerdo con el principio de que nos convertimos en lo que adoramos, Roma era belicosa, violenta, marcada por lo que Agustín llamaba la libido dominandi (la lujuria de dominar). Y siguiendo el mismo principio, la sociedad cristiana, al menos, debería caracterizarse por el perdón, la paz y la reconciliación. La historia, según la interpretación de Agustín, es una lucha constante entre estas dos visiones. 

El papa León está angustiado porque ve cómo los caminos de la guerra están llegando a dominar la política del mundo actual. Y exhorta a la Iglesia a ofrecer una visión alternativa, una civilización del amor. Esta «Ciudad de Dios» no surgirá, dice, de un gran plan impuesto desde arriba, sino más bien del trabajo constante de las personas, que con el tiempo producirá un efecto acumulativo. Curiosamente, León cita al gran J.R.R. Tolkien en este contexto: «No nos corresponde dominar todas las mareas del mundo, sino hacer lo que está en nuestras manos para socorrer a aquellos años en los que nos encontramos, arrancando de raíz el mal de los campos que conocemos, para que quienes vivan después puedan tener tierra limpia que labrar» (213, Gandalf en «El retorno del rey»).. Especialmente en nuestra época, en la que la IA y otras formas de tecnología avanzada han hecho que la guerra sea más probable y más «eficaz», el papa León quiere que la Iglesia presente al mundo el camino de la paz.

HAZ CLIC AQUÍ PARA DESCARGAR LA APP DE FOX NEWS

Me gustaría señalar una cierta ironía en este contexto. En lo que respecta a las cuestiones de la guerra y la paz, a San Agustín se le conoce sobre todo, no por su propuesta de una civilización del amor, sino por su teoría de la guerra justa. Pero tenemos que tener muy claro cuál es la función de este concepto. Nunca se debe interpretar la teoría de Agustín como una «justificación» simplista de la guerra, un medio para dar una cobertura moral al uso indiscriminado de la violencia. De hecho, ocurre justo lo contrario. El gran santo consideraba que sus criterios imponían un límite estricto a la guerra, y la Iglesia siempre los ha tratado como tal. Hay una frase de esta parte de la carta que me ha dejado un poco perplejo. León dice que cree que la teoría de la guerra justa está «desfasada». Entiendo perfectamente que, dado que los medios para hacer la guerra han cambiado tan drásticamente desde la época de Agustín, una aplicación precipitada de los protocolos de la guerra justa sería ingenua hoy en día. Pero no creo que los criterios en sí mismos —declaración por parte de una autoridad justa, proporcionalidad, distinción entre combatientes y no combatientes, último recurso, etc.— estén desfasados. Al contrario, creo que deberían aplicarse con especial rigor en nuestras circunstancias actuales.

En resumen, te pido que leas esta carta con atención y con una actitud reflexiva. Aléjate a propósito del mundo virtual, lleno de opiniones gritonas, de afirmaciones arrogantes y de violencia verbal. Y sumérgete en la obra de este sabio, un experto en la naturaleza humana.

HAGA CLIC AQUÍ PARA LEER MÁS DEL OBISPO ROBERT