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Uno de los momentos de los que me siento más orgulloso en mi vida fue la primera vez que me até las botas, me puse el uniforme y levanté la mano derecha para prestar juramento a la Constitución como miembro de la Guardia Nacional Illinois .

Apreciaba cada día en el que me despertaba y podía decir que era soldado de los Estados Unidos. Y es precisamente porque amo tanto a nuestras Fuerzas Armadas por lo que me niego a permitir que un cobarde que se ha librado cinco veces del servicio militar las utilice en su propio beneficio y en detrimento de nuestro país.

La semana pasada, en Quantico, el presidente Donald —el mismo que insiste en cambiar el nombre del Pentágono por el de «Departamento de Guerra»— les dijo a los altos mandos militares que quiere usar las ciudades estadounidenses como «campos de entrenamiento» para nuestras tropas.  

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Piénsalo bien: el comandante en jefe quiere que los miembros del Departamento de Guerra «entrenen» contra los mismos ciudadanos a los que han jurado proteger. El mes pasado, anunció Chicago por qué se llama Departamento de Guerra». Y esta semana, está cumpliendo sus amenazas: Trump ha enviado a cientos de miembros de la Guardia Nacional a Chicago.

Soldados de la Guardia Texas en Illinois

Miembros de la Guardia Texas se reúnen en Elwood, Illinois, en el Centro de Entrenamiento de la Reserva del Ejército, situado en un southwest de Chicago, el 7 de octubre de 2025. (Brian Chicago News Service vía Getty Images)

Durante meses, Trump se ha inventado historias sobre el caos y la delincuencia en las calles estadounidenses para justificar sus afirmaciones falsas de que hay una «necesidad» de enviar tropas a nuestras ciudades en contra de la voluntad de las autoridades locales. Primero a Los , luego Washington, D.C. y no se va a quedar ahí: también está intentando enviar tropas a Portland. Sin embargo, este fin de semana, un juez federal nombrado por Trump bloqueó sus intentos de enviar tropas allí —por partida doble— porque, en palabras de su propio designado, sus argumentos sobre por qué eran necesarias «no se ajustaban a los hechos».

Dicho de otra forma, está mintiendo.

Solo en la última semana en Chicago, hemos visto cómo los agentes de Trump detienen a estadounidenses inocentes, niegan a los ciudadanos su derecho a la asistencia letrada, atan a niños con bridas, arrestan a cargos electos, saquean edificios de apartamentos y hieren a periodistas. Y en las últimas semanas, han disparado a dos personas, dejando a una —un padre de dos niños pequeños— muerta, y haciendo afirmaciones dudosas y sin fundamento sobre por qué sintieron la necesidad de usar fuerza letal.

Es obvio lo que está haciendo Trump. Está atacando y castigando a las ciudades que se atreven a plantarle cara, aquellas que están dispuestas a llamar al presidente por lo que realmente es: un aspirante a emperador sin ropa, sin valor y, desde luego, sin ningún sentido de la moral. 

Y aunque ahora mismo está apuntando a las ciudades demócratas con sus mentiras, si no se frena todo esto, nada impedirá que él —o cualquier futuro presidente— le haga lo mismo a cualquiera, en cualquier lugar, por cualquier motivo inventado.

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Seamos claros: ordenar a nuestras tropas que intimiden a los mismos estadounidenses a los que se sacrifican cada día por proteger no contribuye en absoluto a que nuestra nación sea más segura. Vigilar a los estadounidenses en sus propias comunidades no es tarea de la Guardia Nacional. No pueden realizar detenciones y no están debidamente entrenados para llevar a cabo funciones policiales en entornos urbanos. Estos despliegues no son más que otra medida injustificada, indeseada e injusta de Trump sacada directamente del manual básico del autoritarismo, que pone aún más en peligro los derechos civiles al tiempo que distrae a nuestras tropas de cumplir su misión principal: mantener a nuestras familias a salvo de los verdaderos adversarios que nos quieren hacer daño.  

Presidente Donald

El presidente Donald habla con los medios de comunicación tras bajar del Marine One en el Jardín Sur de la Casa Blanca el 5 de octubre de 2025, en Washington, D.C. (TasosGetty Images)

Sabemos que las acciones de Trump no tienen nada que ver con «la ley y el orden». Si a este delincuente condenado 34 vecesrealmente le importarala ley y el orden, no se negaría de forma tan descarada y, al parecer, con tanto regocijo a coordinarse con las autoridades estatales y locales. No estaría sacando a nuestras tropas de sus misiones de entrenamiento solo para que le hagan el juego a él, obligando a nuestros héroes a quedarse en la acera recogiendo basura en lugar de usar su tiempo preparándose para proteger a nuestra nación en caso de un conflicto futuro. No estaría, literalmente, quitándole los fondos a la policía al congelar y recortar los fondos federales que ayudan a contratar, entrenar y equipar a las fuerzas del orden. 

Pero lo hizo. Todas esas cosas, en lugar de apoyar y ampliar las estrategias de prevención de la violencia y la delincuencia que han demostrado su eficacia y que evitan la escalada de represalias. 

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Trump está malgastando millones de dólares de los contribuyentes para aterrorizar a ciudadanos respetuosos con la ley y a titulares de visados legales que simplemente están ejerciendo sus derechos amparados por la Primera Enmienda . Y para ello está desviando recursos y agentes federales de operaciones que investigan a los cárteles de la droga y a los traficantes de armas, de misiones que identifican y desarticulan complots terroristas y de acciones que protegen a nuestras familias de los ciberataques. 

Personal de la Guardia Texas visto cerca de Chicago.

Se ve a personal militar uniformado, con la insignia de la Guardia Texas , en el Centro de la Reserva del Ejército de EE. UU. el miércoles 8 de octubre de 2025, en Elwood, Illinois, un suburbio de Chicago.  (Laura )

Hoy, de camino al trabajo, me crucé en coche con algunos de los miembros de la Guardia Nacional que han sido movilizados. Me dieron pena. Porque cuando levantaron la mano derecha y prestaron juramento, no lo hicieron para ayudar a un insumiso a eludir no solo las guerras, sino también sus propios escándalos personales. 

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Se alistaron para defender el derecho de los estadounidenses a la libertad de expresión, no para intimidar a los estadounidenses para que no expresaran su opinión. Estaban dispuestos a morir por defender este país, no por defender el ego de un solo hombre. 

Los no pidió esto. Washington, D.C., no pidió esto. Portland no pidió esto. Chicago esto. Nuestros militares no se merecen esto. Y es precisamente porque respeto tanto a nuestras Fuerzas Armadas por lo que me niego a quedarme callado mientras un hombre que nunca tuvo el valor de alistarse las falta al respeto y abusa de ellas. No puedo ni voy a dejar que siga haciendo un corte de mangas a nuestras tropas, alejándolas de sus familias y de sus misiones, mientras socava la confianza que tanto les ha costado ganarse del público estadounidense a lo largo de generaciones.

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Hoy en día, puede que ya no lleve puesto mi uniforme del Ejército, pero sigue colgado con orgullo en mi despacho del Senado. Ahora paso gran parte de mi tiempo sentado bajo la gran y hermosa cúpula del Capitolio, en lugar de bajo los rotores principales de mi Black Hawk. Pero mi misión fundamental sigue siendo la misma que cuando estaba en la Guardia Nacional: mantener a Estados Unidos tan fuerte y seguro como debe ser. 

Ojalá a Donald le importara hacer lo mismo.

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