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Los mercados de predicción están en pleno auge. El año pasado, el volumen total de transacciones en estos mercados ascendió a unos 51 000 millones de dólares. Este año, el volumen superó los 60 000 millones de dólares en solo tres meses y medio, con más de 192 millones de transacciones únicas y más de 865 000 usuarios activos en marzo. Algunas estimaciones apuntan a que este mercado podría alcanzar el billón de dólares en los próximos años.

Dada esta afluencia masiva de inversores particulares a estos mercados, tenemos que actualizar el marco regulador para proteger a los inversores, reforzar la integridad del mercado y mantener a Estados Unidos a la vanguardia de esta última innovación financiera.

En un mercado de predicción, los inversores compran y venden contratos vinculados a la posibilidad de que se produzca un evento concreto. Esos contratos son herramientas muy eficaces que a menudo superan en precisión a las encuestas y a los expertos. A través de ellos, el conocimiento colectivo permite predecir acontecimientos futuros, lo que permite tanto a empresas como a particulares —desde pequeñas empresas que gestionan sus existencias hasta inversores que cubren sus carteras— protegerse frente a la incertidumbre.

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Además, sus cotizaciones ofrecen información en tiempo real sobre lo que el mercado espera que suceda. No hay duda de que los datos de los mercados de predicción son de interés periodístico, y hasta las fuentes de noticias más fiables se han dado cuenta.

En resumen: los mercados de predicción han llegado para quedarse. Los consumidores, los inversores, las empresas y las instituciones financieras se están dando cuenta cada vez más de su valor. El Congreso también debería hacerlo, pero además debemos garantizar una mayor transparencia y protecciones más sólidas para los estadounidenses de a pie.

Por eso he presentado esta semana, junto con la senadora Kirsten Gillibrand, la Ley de Mercados de Predicción, para aportar mayor claridad y —perdona el juego de palabras— previsibilidad a los mercados de predicción. Ese marco se rige por tres principios.

En primer lugar, reforzar la protección de los consumidores. Aunque los mercados de predicción ya operan bajo la supervisión de la Comisión de Comercio de Futuros de Materias Primas, el actual marco regulador de las plataformas de negociación no se diseñó pensando en los pequeños inversores. Mi bill esto reforzando el control sobre los tipos de contratos de eventos disponibles para los usuarios, elevando los estándares de protección de los inversores en las plataformas de negociación y mejorando las medidas de protección de los consumidores particulares. Estas disposiciones dejan claro que los estadounidenses que ya participan en estos mercados pueden hacerlo con confianza.

En segundo lugar, hay que establecer unas normas éticas claras para garantizar la confianza de la ciudadanía. Mi bill los funcionarios públicos no se beneficien personalmente de los eventos en los que tienen influencia, al prohibirles ser titulares de cualquier contrato relacionado con dichos eventos.

En tercer lugar, mantener a Estados Unidos a la cabeza de este sector en rápido crecimiento. Por mi experiencia al frente de empresas, sé que nada frena más la innovación que unas normas poco claras e inciertas. Si no hay claridad, corremos el riesgo de que este sector —y todos los beneficios que conlleva— se vaya al extranjero. El bill un desarrollo responsable para los inversores particulares de hoy y de mañana.

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Como ocurre con todo lo nuevo, hay desacuerdos en ciertos ámbitos, como el tratamiento de las apuestas deportivas. Sin embargo, aunque los tribunales se enfrentan a estas cuestiones y los reguladores trabajan para actualizar las normas, está claro que los mercados de predicción han llegado para quedarse. Los costes de la inacción también son evidentes: riesgos para los consumidores y una probabilidad cada vez mayor de que este sector en auge se traslade al extranjero.

Así que la verdadera pregunta es: ¿liderará Estados Unidos el camino y desarrollará mercados sólidos, seguros y justos? Nuestra legislación sienta las bases para ese futuro.

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