Los líderes estudiantiles de Turning Point USA aseguran que la oposición en los campus no frenará el crecimiento de la organización
Las presidentas de las secciones de «Turning Point» de la Universidad de Millersville y la Universidad Estatal de Montclair, Emma Martin Sofía Gatti, participan en el programa «Saturday in America» para hablar sobre la puesta en marcha de sus secciones universitarias y el aumento del interés tras la muerte de Charlie Kirk.
Sería fácil terminar este año desanimados. Desde los disturbios en los campus hasta los extremos ideológicos en algunas de las universidades más prestigiosas de Estados Unidos, el 2025 nos ha dado motivos más que suficientes para lamentarnos. Pero como rector de una universidad, y ahora que se acerca la Navidad, una época marcada por la reflexión, la renovación y la esperanza, creo que la historia completa de la educación superior este año no se ha reducido solo al colapso. También ha sido una historia de convicción.
Este fue un año en el que los estudiantes alzaron la voz. Los padres se involucraron. Los líderes cristianos se mantuvieron firmes. Y por todo el país empezaron a surgir señales de renovación. No en todas partes. No a la perfección. Pero sí, sin lugar a dudas.
Al repasar este año en la educación superior, creo que estos cinco momentos indican que ya se está produciendo un cambio significativo.
1. Los estudiantes y los estados están defendiendo la igualdad en el deporte femenino
Este año se ha producido un verdadero impulso para proteger el atletismo femenino de las intromisiones ideológicas. Los estados han aprobado leyes para garantizar la equidad en la competición. Los estudiantes deportistas han alzado la voz con claridad y convicción. Y, por primera vez en años, la opinión pública ha empezado a cambiar de rumbo. La biología no es intolerancia. La verdad importa. Y este ha sido el año en que más estudiantes han empezado a decirlo en voz alta.

El lunes 22 de abril de 2024,Israel montaron un campamento en el campus de la Universidad de Columbia, en Nueva York. (Peter )
2. Las voces cristianas y conservadoras se opusieron a las restricciones a la libertad de expresión y salieron ganando
La libertad de expresión vivió un momento de resurgimiento en 2025. Desde el reconocimiento oficial de grupos estudiantiles hasta las victorias legales en todo el país, el mensaje fue claro: no se tolerará la discriminación por las opiniones. Durante demasiado tiempo, a los estudiantes cristianos y conservadores se les dijo que guardaran silencio. Este año, muchos decidieron expresarse con valentía y elegancia. Y los tribunales empezaron a darles la razón.
3. La pérdida de credibilidad de las universidades de élite abrió nuevas puertas
Los escándalos en instituciones de primer nivel, como Harvard, no solo acapararon los titulares. Pusieron de manifiesto una crisis más profunda de confianza y liderazgo. Al ver cómo estas universidades se tambaleaban, muchas familias empezaron a buscar en otros lugares sabiduría, integridad y formación. Ese cambio es importante. Significa que la era del prestigio ciego podría estar cediendo paso, por fin, a una nueva era de educación con un propósito claro.
4. Los padres están recuperando su voz en la educación
En todo el país, los padres han tomado cartas en el asunto con un enfoque y una determinación renovados. Ya sea expresando su opinión en las reuniones del consejo escolar o replanteándose a qué universidad deberían ir sus hijos, las familias han plantado cara a los extremos ideológicos. Están planteando preguntas más acertadas, buscando centros educativos que reflejen sus valores y haciéndose cargo de la formación académica de la próxima generación.
5. La confianza del público en la educación superior se está resquebrajando, y eso es algo bueno
Este año, la confianza del público en la educación superior ha caído a mínimos históricos. Puede que eso suene a mala noticia, pero en realidad es un motivo de esperanza. La gente no está renunciando a la educación. Está renunciando a unos sistemas que no funcionan. Busca con ahínco modelos que antepongan la verdad, el carácter y la comunidad a la burocracia y el activismo. Eso abre un espacio para que las universidades audaces y con una misión clara tomen la iniciativa.
Como rector de la Universidad Southeastern, he sido testigo de primera mano de cómo se han ido afianzando estos cambios. Seguimos colaborando con iglesias, familias y comunidades para ofrecer un modelo de educación superior que sea accesible, formativo y basado en la verdad bíblica. A nuestros estudiantes no se les forma para que huyan del mundo, sino para que estén preparados para liderar en él.
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De cara al 2026, tenemos que seguir aprovechando este impulso. No es momento de dar marcha atrás. Es momento de renovarse. Para los padres, eso significa elegir colegios que se preocupen más por el carácter que por las clasificaciones. Para los estudiantes, significa buscar la verdad por encima de la popularidad. Y para las universidades, significa negarse a cambiar la claridad moral por la aprobación cultural.
Lo más importante es que debemos actuar con esperanza en lugar de con miedo. El miedo solo ve lo que está roto. La esperanza ve lo que se puede restaurar. El miedo nos aleja del momento. La esperanza nos lleva hacia él. Como líderes cristianos, nuestro papel no es reflejar la ansiedad de la cultura, sino dar ejemplo de resiliencia, fe y alegría. Nuestros campus deberían ser lugares donde la verdad no solo se proteja, sino que se proclame. Donde los estudiantes no solo se preparen para el mundo laboral, sino que sean llamados a una vida con sentido, de servicio y liderazgo. Ese es el futuro que estamos construyendo, y este año ha demostrado que no estamos solos.
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La libertad de expresión vivió un momento de resurgimiento en 2025. Desde el reconocimiento oficial de grupos estudiantiles hasta las victorias legales en todo el país, el mensaje fue claro: no se tolerará la discriminación por opiniones.
Aún queda trabajo por hacer. Pero también hay motivos para tener esperanza. Este año nos ha demostrado que un futuro mejor para la educación superior no solo es posible, sino que ya ha comenzado.
Mientras celebramos la Navidad y miramos hacia el año nuevo, recordemos que la luz brilla con más intensidad en la oscuridad. Construyamos instituciones que reflejen esa verdad. Deben ser lugares donde se cultive el valor, se viva la fe y la esperanza sea algo más que un sentimiento. Es la base.








































