Irán está llevando a cabo una amplia campaña de desinformación basada en la IA contra EE. UU. y sus aliados
Bryan Llenas, Fox News, informa de que Irán está difundiendo vídeos e imágenes generados por IA para propagar desinformación en Oriente Medio. El CENTCOM está desmontando estas afirmaciones con verificaciones de datos en Internet.
Durante más de cuatro décadas, el régimen iraní ha actuado como el Estado patrocinador del terrorismo más peligroso del mundo, financiando milicias aliadas, atacando a las fuerzas estadounidenses y desestabilizando regiones enteras. Sin embargo, el establishment de Washington lleva mucho tiempo tratando a Teherán como un rompecabezas diplomático por resolver, en lugar de como un régimen hostil que lleva a cabo una estrategia deliberada —una que proclama abiertamente «Muerte a Estados Unidos».
Esa desconexión salta a la vista en una nueva Fox News que confirma lo que la historia ya ha demostrado: el 61 % de los estadounidenses afirma que Irán supone una amenaza real para la seguridad nacional de Estados Unidos. Lo sorprendente no es el resultado de la encuesta, sino el tiempo que le ha llevado a la élite de la política exterior de Washington darse cuenta de lo que los votantes ya saben.
Los estadounidenses han visto cómo Irán financia a Hezbolá, Hamás y otros grupos terroristas en todo Oriente Medio. Las milicias respaldadas por Irán han lanzado cientos de ataques contra las fuerzas estadounidenses en Irak y Siria, matando e hiriendo a cientos de militares estadounidenses. Teherán ha amenazado constantemente el estrecho de Ormuz, un punto estratégico por el que pasa casi el 20 % del suministro mundial de petróleo. Es evidente, desde el Líbano hasta Yemen, que Irán libra guerras por poder y patrocina el terrorismo, lo que amenaza directamente los intereses de EE. UU. y la estabilidad mundial.
Después de más de 40 años de ver lo mismo, los votantes se muestran duros con Irán, no por ideología, sino por experiencia. Teherán financia el terrorismo, ataca a las fuerzas estadounidenses y amenaza los mercados energéticos mundiales. La conclusión es sencilla: este régimen responde a la fuerza, no a más intentos diplomáticos.

El humo y las llamas se elevan en el lugar donde se produjeron los ataques aéreos contra un depósito de petróleo en Teherán el 7 de marzo de 2026. (Sasan/Middle EastAFP Getty Images)
Sin embargo, gran parte de Washington sigue considerando a Irán como un socio en las negociaciones. Durante décadas, la estrategia ha sido la misma: marcos diplomáticos, alivio de las sanciones y reuniones para moderar el comportamiento de Teherán, incluso palés de dinero en efectivo. Sin embargo, es poco probable que un régimen basado en la guerra por poderes y la desestabilización regional abandone esa estrategia solo mediante negociaciones. Esa realidad ayuda a explicar por qué Estados Unidos se enfrenta hoy a la misma amenaza iraní a la que se enfrentó hace 40 años.
Los datos históricos desmienten la teoría diplomática. A medida que las negociaciones se alargaban, Irán amplió sus redes de grupos afines y lideró 160 ataques contra las fuerzas estadounidenses en Irak y Siria, solo entre octubre de 2023 y febrero de 2024. Mientras los responsables políticos debatían la estrategia en Washington y Europa, Teherán siguió fabricando misiles y ampliando sus milicias para presionar a Estados Unidos y a sus aliados.
Por eso la Fox News es más que una simple instantánea de la opinión de los votantes. Pone de manifiesto una división más profunda en la política exterior estadounidense, que no es entre republicanos y demócratas, sino entre los votantes y la élite de la política exterior. Los estadounidenses se han formado su propia opinión tras décadas de ver cómo Irán recurre a la intimidación, la violencia y los grupos militantes afines para desestabilizar regiones enteras.
El régimen ha puesto a prueba en repetidas ocasiones la determinación estadounidense mediante amenazas asimétricas diseñadas para ejercer presión sin desencadenar una guerra a gran escala. Este patrón constante deja claro que la estrategia de Irán es la confrontación, no la rivalidad geopolítica habitual. Esa realidad explica por qué la opinión pública se muestra significativamente más belicista que partidaria de seguir negociando. Para muchos estadounidenses, la lección de los últimos cuarenta y tantos años es clara: Irán responde mucho menos al diálogo que a una disuasión creíble.
La disuasión, en este contexto, tiene que ver con la credibilidad. La historia demuestra que los agresores son mucho menos propensos a intensificar sus acciones cuando creen que su agresión acarreará consecuencias inmediatas y graves. Durante décadas, Irán ha actuado en una zona gris, utilizando milicias aliadas, operaciones cibernéticas y acciones de perturbación marítima para presionar a Estados Unidos, al tiempo que evitaba la confrontación directa. Esa estrategia ha funcionado, permitiendo a Teherán ampliar su capacidad misilística y su red terrorista, mientras que las respuestas de Estados Unidos parecían inconsistentes.
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Los círculos de la política exterior de Washington suelen pasar por alto que los votantes quieren resultados, en lugar de otro ciclo de debates políticos basados en la teoría. Esa desconexión es cada vez más difícil de mantener, porque la política exterior debe acabar ajustándose a la percepción que tiene la ciudadanía de las amenazas a la seguridad nacional.
Esta diferencia de perspectivas está generando ahora una división política igualmente evidente. Cuando los votantes creen que los responsables políticos no están dispuestos a hacer frente a las amenazas directas que se ciernen sobre los estadounidenses, la confianza en los dirigentes se va desvaneciendo. Los debates sobre seguridad nacional parecen desconectados de la realidad, mientras los estadounidenses se enfrentan a las consecuencias de los ataques contra las fuerzas estadounidenses, el aumento de los costes energéticos y los conflictos por poder que se extienden por todo Oriente Medio.
Sin embargo, gran parte de Washington sigue considerando a Irán como un socio en las negociaciones. Durante décadas, la estrategia ha sido la misma: marcos diplomáticos, alivio de las sanciones y reuniones para moderar el comportamiento de Teherán, e incluso palés de dinero en efectivo.
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Aunque la respuesta estadounidense ha sido a menudo inconsistente, Irán ha mantenido una estrategia geopolítica clara: financiar redes terroristas, armar a milicias aliadas, amenazar rutas marítimas estratégicas y aprovechar la inestabilidad regional para ampliar su influencia.
Tras décadas de terrorismo, guerras por poder y desestabilización regional, los estadounidenses ya no ven a Irán como un rompecabezas diplomático a la espera de otra ronda de negociaciones infructuosas. Lo ven como una amenaza estratégica que requiere una disuasión creíble. La encuesta confirma que los votantes ya han llegado a esa conclusión. La verdadera pregunta ahora es si los responsables de la política exterior de Washington están dispuestos a reconocer esa misma realidad.








































